suite para el laúd de Bach

El laúd es un instrumento que ejerce una fascinación inexplicable en mi. Otros instrumentos me atraen por alguna cualidad, por algún recuerdo o simplemente por un sonido concreto. El violonchelo, con esa voz tan cálida, tan humana se ha dicho muchas veces, es un instrumento que me llena espiritualmente, no se cómo explicarlo. Lo escucho y tiene el poder de transportarme y llenarme en todo mi ser. Lo mismo me pasa con el oboe, cuyo sonido puede llegar a embriagarme. En el caso del piano me sorprende mi fascinación por un instrumento que es relativamente “nuevo”. Pero ¿y con el laúd? ¿Por qué me enamora el sonido del laúd? ¿Es por el tipo de música melancólica?

Hombre afinando un laúd

Hombre afinando un laúd

El laúd es un instrumento de cuerda pulsada que quizás no lo asociamos inmediatamente con Johann Sebastian Bach. El laúd lo unimos a Silvius Leopold Weiss, a John Dowland, Robert de Visée o incluso Antonio Vivaldi. Son nombres que, unos más y otros menos, están en nuestra memoria musical unida al laúd, un instrumento que, por otro lado, por lo menos en mi caso, lo suelo situar en épocas más lejanas, en los siglos XVI y XVII, en las cortes europeas… Hablar del laúd es hablar en estos momentos de Hopkinson Smith, de Paul O’Dette… y poco más; poco más para los novatos en esto. Quizás, si me apuras, podríamos incluir a Vincent Dumestre o a Christina Pluhar, pero para ello debemos haber buceado un poco en este tipo de música.

En cuanto a este instrumento y su relación con Bach resulta que están más relacionados de lo que se conoce. El mismo compositor tenía un par de laúdes, dos lautenwerk, y fue maestro de teclado y composición para los laudistas Johann Ludwig Krebs y Rudolf Straube. Además se relacionó con algunos de los más insignes tañedores de su época, tales como Weyrauch, Kropffgangs, Ernst Gottlieb Baron, quien conoce a Bach en una visita que realizara a Köthen en 1720 o incluso Weiss. A este gran laudista y compositor alemán conoció Bach a través de su hijo Wilhelm Friedemann Bach que era amigo del laudista. Parece ser que incluso en una ocasión en que se encontraron compitieron en una improvisación de fantasías y fugas (algo, por otro lado, bastante corriente en la época). Me imagino que Weiss lo haría al laúd y Bach al clave. El caso es que el crítico musical Johann Friedrich Reichardt dejó escrito lo siguiente:

“Cualquier persona que sabe lo difícil que es ejecutar modulaciones armónicas y un buen contrapunto con el laúd se verá sorprendido al escuchar a testigos oculares que Weiss, el gran laudista, desafió a JS Bach, el gran clavecinista y organista, a improvisar fantasías y fugas “.

Sea como fuere este instrumento, y por lo tanto los intérpretes del mismo, tenían relación con Bach ya que este instrumento fue utilizado en diferentes composiciones como bajo continuo. Pero y ¿qué hay de la música para laúd? ¿Realmente Bach conocía todo acerca de los detalles de este instrumento? El intérprete se enfrenta a posiciones complicadas y a muy difíciles y poco habituales líneas de polifonía. Pero también sabemos que el bueno de Bach poco se preocupó de problemas técnicos en la mayoría de sus obras, ese, parece ser, no era su problema. ¿Cuál es la música que Bach escribió para el laúd? Es más, ¿qué era para Bach un laúd?

Varias cosas son posibles: el llamado “laúd barroco” con su afinación en Re menor (probablemente este era el instrumento que usaba S. L. Weiss); o quizás el “theorbo”, un laúd bajo afinado en La o Sol con algunas cuerdas mas bajas, lo que permite una tesitura musical mas amplia. ¿O quizás el instrumento de tecla “lautenwerk” ó “laúd-clave”? Dos de estos raros instrumentos se encontraron en la casa de Bach y se sabe que él había probado a menudo con ellos. En el caso de una transcripción de las suites para violonchelo, podemos pensar en todos estos instrumentos, pero los resultados nos muestran muy diferentes necesidades, posibilidades y desde luego diferencias en el sonido.

De acuerdo al catálogo de obras de Johann Sebastian Bach, las suites BWV 995 y BWV 996, la partita BWV 997, el preludio, fuga y allegro BWV 998, el preludio BWV 999, la fuga BWV 1000 y la partita BWV 1006a conforman el corpus laudístico bachiano, en el que incluso el lautenwerk (instrumento de entonces que podríamos denominar como laúd-clavecín) tiene una curiosa participación.

Volumen I (único por ahora) de O'Dette dedicado a Bach

Volumen I (nada se sabe del II) de O’Dette dedicado a Bach

La música de la primera suite para laúd, la BWV 995 en sol menor, compuesta en Leipzig entre la primavera de 1727 y el invierno de 1731, y que en rigor es una transcripción de la quinta suite per violoncello solo senza basso en do menor, BWV 1011, nos llega a través de dos fuentes: un manuscrito autógrafo de Bach dedicado a Monsieur Schouster y una tablatura francesa atribuida a Falkenhagen.

A las interrogantes de que si Bach sabía realmente tocar el laúd y con qué nivel de destreza, se superponen otras de mayor trascendencia: ¿fue realmente el laúd el instrumento destinatario de esta transcripción? Parece ser que no, que primero fue la suite para violonchelo, pero también es verdad que esta pieza está muy unida al laúd desde su composición. ¿Por qué Bach escribió notas que están fuera de la tesitura del laúd barroco de 13 órdenes? El título señala Pièces pour la luth à Monsieur Schouster par J. S. Bach, entonces ¿por qué el autógrafo está escrito en sistemas con dos pautas y no en tablatura, notación tradicional para los laudistas?

Las respuestas a estas preguntas son diversas, así como la soluciones a las muchas problemáticas que presentan estas pocas piezas para poder tocarlas en un solo instrumento y sin alterar la afinación de algún par de cuerdas.

Como en detalle explica Eduardo Egüez en su The Lute Music of J. S. Bach Vol. 2, “…la transcripción era muy frecuente en los tiempos de Bach. El experto laudista del s. XVIII debía ser capaz de interpretar su música y la ajena. Sabía adaptar una pieza de otro compositor ofreciendo soluciones alternativas a los problemas relativos a la transcripción”.

Como he señalado, Johann Sebastian Bach era muy liberal con sus propias piezas y también con las de otros compositores. Es decir, las reescribía, usaba partes para otras composiciones, y lo mas importante para esta reflexión: las adaptaba para otros instrumentos. El ejemplo mejor conocido es su propia transcripción de la Suite nº5 para Violonchelo, BWV 1011 para el laúd, BWV 995.

Escuchemos precisamente esa suite nº 5 para violonchelo, BWV 1011, interpretada por el incomparable Rostropovich:

Y aquí os dejo con la obra completa para laúd, la suite BWV 995, interpretada por Oliver Holzenburg:

La obra está dividida en seis partes:

I. Prelude. II. Allemande. III. Courante. IV. Sarabande. V. Gavotte I – II en Rondeaux. VI. Gigue

La interpretación hoy en día es difícil, tal y como he señalado y hay quien opta por adaptarla a los laúdes actuales, como Hopkinson Smith y quien intenta ceñirse a cómo sería tocarlo en la época de Bach… con un laúd actual. Cosa harto difícil, pero la verdad es que tanto la una como la otra al final, si el laudista es bueno (y los dos mencionados son extraordinarios) el resultado es una auténtica delicia. En el caso de O’Dette resulta que, podríamos decir, juega con la obra. “Esa es la diferencia entre tocar la música de Bach como él quiere o como el la hubiese deseado”. Muy seguro tienes que estar de ti mismo para decir eso. Pero en fin, O’Dette es mucho O’Dette (con el permiso, claro está, de Smith, North, Lislevand o Egüez).

En el siguiente enlace podremos escuchar a Steve Gibbs en una interpretación de esta suite con una guitarra de ocho cuerdas:

[vimeo http://vimeo.com/67273092]

De esta obra BWV 995, me quedo, sin lugar a dudas, con la dulce complejidad del preludio, la calma de la allemande, la gaveta y rondeaux y el final maravilloso de la giga. ¿Y la sarabanda? pues de la sarabanda me quedo con su alma gemela en la Misa en si menor BWV 232, jajajaja… Et incarnatus… ¡La verdad es que el señor Bach en esto de emplear una misma música para diferentes obras era único! ¡El mejor, claro!

tombeau de S. M. la Reine de Pologne

Empiezo hoy mi primera entrada sobre una obra de Johann Sebastian Bach, en este caso la BWV 198, Laß, Fürstin, laß noch einen Strahl (Trauer-Ode), también conocida como Tombeau de Su Majestad la Reina de Polonia. Esta cantata, a pesar de ser profana lleva una numeración en el catálogo Bach-Werke-Verzeichnis correspondiente a cantata religiosa. El hecho es que fue compuesta para una oración fúnebre pero la oda no se basa en ningún texto religioso. Nos encontramos ante una obra maestra de Bach, una delicia para los oídos, con una letra excepcional que, os aseguro, después de conocer su historia y analizarla detenidamente, su audición adquiere otra dimensión. Como con cualquier obra.

El 4 de septiembre de 1727 moría en Pretzsch, Christiane Eberhardine von Brandenburg-Bayreuth, esposa de Augusto el Fuerte y, por lo tanto, Electora de Sajonia y Reina de Polonia. El caso es que la buena señora cuando su augusto esposo, para que le coronaran rey de Polonia, abjuró de su fe luterana para abrazar el catolicismo, no le acompañó en ese paso y, en aquella tierra donde había surgido la Reforma luterana, el gesto tuvo una gran resonancia y fue tomada por el pueblo como modelo de religiosidad y patriotismo. Mientras tanto Augusto II (nombre con el que reinó en Polonia) se dedicó a la frivolidad con unas fiestas y orgías al más puro estilo versallesco que se tradujo en numerosos hijos que tuvo con sus múltiples amantes. En fin, que la señora se separó del monarca alegando conflicto religioso y desde entonces vivió todo el tiempo en el castillo de Pretzsch y dejándose solo ver en los actos oficiales que se realizaban en la corte de Dresde.

Habit_of_Christiane_Eberhardine_von_Brandenburg-Bayreuth

Christiane Eberhardine von Brandenburg-Bayreuth

Cuando falleció, todo el reino se vio muy afectado al conocer la noticia y de forma especial en Leipzig y su universidad, uno de los centros de la ortodoxia luterana que, además del perceptivo luto oficial, proscribió de la iglesia la música figuraliter, o concertante, durante meses. En estas estábamos cuando la comunidad universitaria y más concretamente un grupo de jóvenes estudiantes de la aristocracia encabezados por Hans Carl von Kirchbach se propuso hacer un homenaje a la piadosa princesa el 17 de octubre de aquél mismo año. Este solemne funeral fue un gran acontecimiento para las fuerzas vivas de la ciudad.

Como los ambiciosos planes de este grupo de jóvenes incluían una interpretación de música fúnebre, Kirchbach se dirigió al profesor de filosofía y poética y cabeza de la sociedad literaria Deutsche Gesellchaft, Johann Christoph Gottsched, para encargarle el texto de la oda y, cómo no, al señor Bach, para que compusiese la música para dicho homenaje. Y aquí es donde surgió un problema.

Versión de Ricercar Consort

Versión de Ricercar Consort

El caso es que a su llegada Sebastian Bach tendría que haberse hecho cargo de la dirección musical de la Academia Lipsiensis (Universidad de Leipzig), pues esta era parte de un tradicional convenio entre Santo Tomás y la universidad en las cuatro ocasiones en las que la comunidad académica asistía a los oficios religiosos en su propia iglesia de San Pablo (Navidad, Pascua, Pentecostés y Conmemoración de la Reforma). En tiempos de Kuhnau estos oficios se incrementaron hasta llegar a todos los domingos del año, lo que suponía una reordenación en la agenda del Cantor y, sobre todo, un aumento de sus ganancias. Cuando Kuhnau falleció y en el año que la cantoría estuvo vacante, el organista de San Nicolás, Johann Gottlieb Görner, dirigió la música concertante en San Pablo “por su propia voluntad y sin que nadie lo pidiera”. Pero resulta que presentó su solicitud para ocupar el puesto y el 3 de abril de 1723, semanas antes de que Bach llegase a ocupar la cantoría de Santo Tomás (recordemos, tradicionalmente unida a la dirección música de San Pablo), la universidad lo aceptó y le nombró director musical de la universidad para los domingos ordinarios. En fin, que cuando Bach llegó a Santo Tomás creyendo que sería también el director musical de San Pablo pues resulta que lo era a medias y compartido con otro señor. Un jaleo, vamos, que ocasionó algún desencuentro en los principios, pero que no llegó a mayores. De hecho Görner llegó a ser el organista de Santo Tomás desde el otoño de 1729. Uno de esos desencuentros en el comienzo fue el que se produjo en esta ocasión.

Cuando Görner se enteró que le habían pedido a Bach y no a él la música para el homenaje real presentó una queja a la universidad aduciendo que podría suponer un precedente. Y en estas Kirchbach dijo que ya le había anticipado los honorarios y “llevaba ya ocho días componiendo la obra”. Parece ser que Kirchbach no tenía en buena consideración musical a Görner. El 11 de octubre la universidad redactó una declaración para que Bach la firmase en donde decía “se trata de un mero favor excepcional y que el presente no implica la creación de ningún precedente…”. Como se podía prever Bach no firmó el documento porque aún tenía pendiente su propia reclamación ante la universidad en relación con el reparto de competencias. Finalmente parece ser que Bach llegó a un acuerdo pacífico con el propio Görner que recibió de Kichbach una indemnización de 12 táleros.

La iglesia de San Pablo, de la universidad de Leipzig, hacia 1790

La iglesia de San Pablo, de la universidad de Leipzig, hacia 1790

Pese a este embarrado preámbulo Bach terminó la composición de un Tombeau de Sa Majesté la Reine de Pologne, catalogada como BWV 198 y se interpretó tal y como estaba previsto desde un principio, con las dos partes de la obra enmarcando un “panegírico fúnebre y de alabanza”. Antes de continuar unas palabras sobre el término tombeau. Esta palabra (del francés, tumba, sepulcro) es la expresión utilizada para referirse a un “género musical que se utilizaba en el barroco que se componía en homenaje a un gran personaje o en honor de un amigo o ser querido, tanto en vida como después de muerto, al contrario de lo que pudiera parecer, dado el nombre. Se trata generalmente de una pieza solemne, de ritmo lento y carácter meditativo, no desprovisto a veces de audacia armónica o rítmica”. Dicho esto paso a relatar como se desarrolló el acto en sí, ya que las crónicas del tiempo las recogen bastante detalladamente. La conclusión de la obra tuvo lugar, como testifica el propio autógrafo, el 15 de octubre, dos días antes de la ejecución y así es como se desarrolló el homenaje:

En solemne procesión y de acuerdo con un estricto protocolo, el cortejo partió de la iglesia de San Nicolás y al repique de campanas, los Concejales, el Rector Magnífico y los Profesores de la Universidad entraron en la iglesia de los paulinos, San Pablo, donde les aguardaba una nutrida congregación de destacadas personas de rango, no sólo de Sajonia sino también Ministros extranjeros, de la Corte y otros Caballeros, junto con gran número de damas que se encontraban en la ciudad con motivo de la Feria de San Miguel.

En medio de la iglesia se había instalado un gran catafalco, que se cubrió de negros crespones; sobre el órgano se leía la inscripción en latín culto LaVDIs sVnt LVCtVs InstrVMenta (son instrumentos de luto y alabanza), un cronóstico, cuyas letras en mayúsculas sumaban según la numeración romana 1.727, el año de referencia.

Mientras el cortejo entraba y una vez aposentados, se escuchó un preludio de órganos y la Oda Fúnebre escrita por el magister Johann Christoph Gottsched, miembro del Collegium Marianum, previamente distribuida entre los presentes por los bedeles, así como la breve Música Fúnebre compuesta por el Capellmeister Johann Sebastian Bach para esta ocasión al estilo italiano, con el propio señor Bach al Clave di Cembalo y acompañamiento de órgano, violas da gamba, laúdes, violines, flautas dulces, flautas traveseras, &c., la mitad fue escuchada antes y la mitad después de la oración de elogio fúnebre y duelo. El órgano acompañó la solemne salida de los participantes según el protocolo que imponía una estricta jerarquización.

El texto de Gottsched no seguía la estructura de la cantata de estilo italiano con arias y recitativos de manera que Bach dispuso la oda en nueve estrofas de ocho versos cada una, distribuyéndolas a su albedrío, a fin de adaptarlas al modelo de cantata que él practicaba. Los números inicial y final formarían parte de la Música fúnebre para el príncipe Leopold von Köthen interpretada el 24 de marzo de 1729. Salvo los recitativos y el coro número 7, los demás números serían parodiados e incorporados en 1731 a la Pasión según San Marcos.

Antes de pasar a comentar algunos de los números más importantes de la obra podemos conocerla y disfrutar de ella en el siguiente video con una grabación de Philippe Herreweghe:

Por cierto, para seguir el texto de la obra podéis pinchar en este enlace, con el texto original y una traducción al castellano.

Se abre la obra con un impresionante coro, lleno de dramatismo, que utilizó Bach para comenzar su Pasión según San Marcos en 1731. Con este comienzo se establece el sentimiento que imprime toda la obra, con una serena y transcendente tristeza. Todos los recursos de la técnica sirven para poner de relieve estas características, utilizando incluso las figuras de suspiros… unido a la sonoridad de la orquesta que prescinde de los metales que son sustituidos por el timbre más opaco de las violas de gamba y los laúdes. Laß, Fürstin, laß noch einen Strahl, con Ricercar Consort:

Los solistas van a ir interviniendo ordenadamente de soprano a bajo y, excepto éste, haciéndose cargo de recitativo y aria sucesivamente. El primer aria, el correspondiente a soprano, va apoyada por la cuerda y el continuo con un especial protagonismo del violín I. Al cantar las palabras iniciales Verstummt, verstummt, ihr holden Saiten! (enmudeced, enmudeced, dulces cuerdas!) la voz arranca en su registro grave sobre el silencio de violines y cuerdas. En la segunda sección la expresión O Schmerzenswort (oh palabra dolorosa), referida a la muerte, produce por dos veces un melisma (cambiar la altura de una sílaba musical mientras es cantada) lánguido, de crudo cromatismo que potencia el afecto. Verstummt, verstummt, ihr holden Saiten! Vuelvo a elegir a Ricercar Consort porque en la otra versión que tengo, la de Harnoncourt y Leonhardt, a pesar de ser una magnífica grabación, la voz soprano está interpretada por una voz infantil que en algunos momentos pierde la entonación. Os dejo con Katharine Fuge:

Quiero hablar un momento del recitativo de la voz de contralto. El efecto del toque de campanas mortuorias fue llevado repetidamente por Bach a sus cantatas (BWV 161, 95, 8, 127 o 73), de manera que ha sido denominado por los especialistas el tañido fúnebre. En este recitativo toda la orquesta al pleno, excepto los dos oboes, colabora en este efecto, mediante semicorcheas las flautas y arpegios de pizzicato la cuerda. Incluso el continuo, que inicialmente calla, se incorpora con cinco notas entrecortadas por silencios. Sobre este cuadro de increíble plástica musical entona la voz su elegíaco canto. En esta ocasión es el contratenor René Jacobs el que interpreta Der Glocken bebendes Getön en la versión de Leonhardt y Harnoncourt con el Collegium Vocale:

El aria de contralto se deja llevar por conceptos del texto como vergnügt (dichosamente), referido a la placidez de la muerte y proporciona un relajamiento con un tono más sosegado e íntimo. La versión de este incomparable Wie starb die Heldin so vergnügt! corresponde al maravilloso contratenor Carlos Mena con Ricercar Consort:

Tras este aria llega el turno del tenor pero, tras su recitativo y antes de que complete su intervención con el aria se cierra la primera parte de esta oda, que precedía a la oración fúnebre, con una fuga coral en la que los instrumentos intervienen inicialmente colla parte. Os dejo con el coro An dir, du Fürbild großer Frauen interpretado por Collegium Vocale, Concentus Musicus Wien y Knabenchor Hannover:

Tras la oración fúnebre se completa la intervención del tenor con el aria Der Ewigkeit saphirnes Haus, llena de expresión, acompañado de una flauta travesera y un oboe d’amore; las violas de gamba y laúdes se encargan del continuo con un gran interés contrapuntístico que parece referirse a la alegría de la morada celestial a la que la difunta sin duda ha llegado. Nada más comenzar el violín se fija en la palabra Ewigkeit (eternidad) para plasmarla con una larga nota tenida que posteriormente pasa a una serie de cincuenta y seis semicorcheas casi interminables como la eternidad misma… De nuevo Ricercar Consort, con Jan Kobow como solista:

La última intervención solista es la del bajo que se encarga de un recitativo paliado a la condición de arioso. Un arioso en el que se mencionan los ríos de Sajonia y Polonia, por lo que la música refleja el fluir y el movimiento ondulado de las aguas con un final que parece acompañar el dolor de sus tierras por la pérdida de la reina. En esta ocasión volvemos a la versión de Leonhardt y Harnoncourt con un extraordinario Harry van der Kamp llevándonos por las tranquilas aguas de este arioso, Was Wunder ists? Du bist es wert:

Termina este tombeau con un coro final en forma de giga con una expresión de dolor contenido y resignado. El epitafio que los poetas han de escribir sobre la tumba de la princesa es el momento culminante por lo que Bach la reslata con un impresionante unísono. Las frases aparecen entrecortadas por sorpresivos silencios, otra vez figuralismo retórico-musical de la muerte. Doch, Königin! du stirbest nicht. Os dejo con las dos versiones que tengo, cada una de ellas con su propia singularidad y las dos igualmente hermosas, una con el coro de niños y la otra con un ritmo más danzante. Primero la versión de Ricercar Consort:

Y finalmente la versión del Collegium Vocale: