las sonatas de Makarski y Jarrett

Si algo tiene la música de Johann Sebastian Bach es que, más allá de preferencias y gustos, caben todo tipo de versiones de sus obras y siempre resulta una pieza mayúscula. Y digo preferencias porque en esto, como en cualquier otro apartado de nuestra vida, también hay diferencias que se presentan a la hora de elegir una u otra versión en virtud del tipo de instrumentos elegidos para abordar la obra (si son de época o son modernos), en relación al seguimiento de o no de las indicaciones históricas o historicistas a la hora de interpretar la partitura, según el tempus utilizado o incluso, si es una interpretación en directo la que vamos a disfrutar según el tipo de lugar donde lo haremos. Pero repito, más allá de las preferencias, si la interpretación es de altura y con un nivel suficiente, la partitura queda ahí, la presencia de la música es un hecho que es imposible de esconder y la obra de Bach ilumina irremediablemente a quien la escucha.

Escucho una Pasión dirigida por Philippe Herreweghe y se me ponen los pelos de punta ante tal belleza, pero no puedo dejar de maravillarme ante la grandeza de la misma obra dirigida por Karl Richter. Son dos versiones en muchos casos contrapuestas, abordadas de manera diferente, pero la obra está presente en la dos, el extraordinario relato humano de la Pasión de Jesucristo por parte de Bach se materializa en dimensiones que siguen su propio camino, que en ocasiones se acercan y después se alejan, pero que tienen el mismo principio e igual meta. Las Variaciones Goldberg interpretadas por Leonhardt al clavecín son algo exquisito, al decir de muchos, pero mis oídos de este siglo XXI no están acostumbrados a ese sonido tan dieciochesco, y mira que lo he intentado y lo intento, pero aún y todo en cualquiera de las audiciones de esa interpretación la música me llega nítida a mi ser y soy capaz de impresionarme ante tal belleza. La misma obra interpretada por, digamos, Glenn Gould, con un piano moderno, con una versión en el año 1955 llena de frescura y genialidad y otra del 81 con una madurez serena y llena de una meditación que te recorre el alma entera. Dos versiones que cada vez que las escucho me conectan con el ritmo de este planeta obligado a ir más deprisa de lo que le gustaría. Y la partitura, la obra de Bach continúa ahí, extasiándonos de diferente manera, pero extasiándonos. Y qué diríais de diferentes arias de la Pasión interpretadas con un conjunto de violas o las variaciones abordadas con un arpa. No siguen las indicaciones del propio compositor, pero el espíritu de la obra sigue indeleble como el primer día que las ejecutó el músico alemán.

Glenn Gould

Glenn Gould

El álbum que traigo hoy aquí pertenece a esa versiones que quizás no respeten la integridad de las indicaciones de la partitura o del instrumento para el que fueron escritas, pero no tengo ninguna duda que guardan el sentido que quiso darle el genial músico. Las sonatas BWV 1014 a 1019 fueron compuestas para interpretarse con violín y clavecín. En la versión que traigo hoy se utilizan un violín y un piano. Ejecutan estas sonatas Michelle Makarski y Keith Jarrett, dos carismáticos artistas que desarrollan su trabajo tanto en el jazz como en el repertorio clásico.

Nacida en el estado de Michigan, Michelle Ruggiroli Makarski tuvo su primer contacto con el violín a través de su padre, Marion Makarski, profesor de instrumentos de cuerda. Mientras continuaba con sus estudios de violín finalizó sus estudios en la Universidad de Michigan, donde se graduó magna cum laude como estudiante del prestigioso Paul Makanowitzky. Su interpretación ante Pau Casals, Felix Galimir, Sandor Vegh y muchos otros en el Festival de Marlboro Music le abrió las puertas en el desarrollo de su futuro como violinista. Recibió también clases magistrales de Nathan Milstein y tras ganar diferentes concursos internacionales se instaló en Europa, donde ahora desarrolla su labor y ofrece conciertos junto con otros músicos europeos y estadounidenses, así como recitales de su extenso repertorio para violín solo.

Makarski ha sido reconocida internacionalmente por sus imaginativas versiones en diferentes géneros y su expresiva ejecución del repertorio que va de la música antigua y barroca hasta jazz y obras contemporáneas, con una carrera singular seguida en silencio que muestra una excelente versatilidad artística y un sonido poco común. La colaboración con Keith Jarrett en una serie de conciertos en el Lincoln Center le llevó a asociarse con su actual discográfica, ECM Records, habiendo grabado unos cuantos álbumes muy elogiados y premiados incluyendo conciertos, jazz y música de cámara. Su reciente álbum en solitario, To be sung on the water , con obras de Giuseppe Tartini y del compositor estadounidense Donald Crockett, se anunciaba en la prensa internacional como “un triunfo conceptual y artístico”. Según BBC Music Magazine está entre los violinistas contemporáneos más importantes.

Michelle Makarski sonríe junto a su violín

Michelle Makarski sonríe junto a su violín

Keith Jarrett, nacido en Allentown, Pensilvania, un 8 de mayo de 1945, empezó a estudiar piano a los tres años de edad, demostrando inmediatamente grandes aptitudes, y en 1952 debutó profesionalmente en un concierto público, al tiempo que estudiaba batería, vibráfono y saxo soprano. Después de estudiar en Boston durante un año, se trasladó a Nueva York, donde grabó su primer disco y desde 1965 forma parte del cuarteto de Charles Lloyd. En 1971 empezó a trabajar junto al gran Miles Davis tocando el teclado electrónico, siendo ésta la última vez que utilizó dicho instrumento. En 1976 grabó como organista en la abadía benedictina de Ottobeuren.

Se trata de uno de los maestros del jazz de vanguardia, cuya producción más sobresaliente es una serie de piezas improvisadas grabadas en directo en diferentes ciudades. Y probablemente estos sean sus trabajos más famosos, pero es sin duda un enorme virtuoso. Muy versátil, Jarrett ha interpretado lo mismo música de autores del barroco europeo, como Johann Sebastian Bach o Georg Friedrich Händel, o piezas para piano clásico, clavicordio, clavecín y órgano, que autores minimalistas contemporáneos como Arvo Pärt o jazzistas actuales como Miles Davis, Chick Corea, Jan Garbarek, Gary Peacock, Charlie Haden y Jack DeJohnette entre otros. Jarrett, que tiene la reputación de ser un perfeccionista excéntrico, mientras toca, suele vocalizar de forma expresiva.

Keith Jarrett vive la música con expresión

Keith Jarrett vive la música con expresión

Al hilo de lo que comentaba al principio, nadie podrá negar que si la música para clave de Bach ha dado pruebas de calidad indiscutible, hemos disfrutado de unas cuantas versiones para piano que no podremos olvidar jamás. Y en esta línea se sitúa el trabajo que hoy paso a comentar, editado y publicado por ECM Records y que nos ofrece las Sonatas instrumentales para violín y piano BWV 1014 a 1019 en la interpretación de Michelle Makarski y Keith Jarrett. No hace ni un año, en noviembre de 2012, salía al mercado un doble álbum con las mismas seis sonatas de Johann Sebastian Bach para violín y clavecín bajo la interpretación de Ton Koopman y Catherine Manson, publicado por Challenge Records. Dos versiones, dos mundos.

Si algo tienen de particular estas obras es que no son unas sonatas para violín con piano o para piano con violín, no. Son, verdaderamente, unas sonatas en donde el piano no es un mero acompañante a la voz siempre poderosa del violín. Es decir, no se limita a hacer el acompañamiento, el bajo continuo, al violín, sino que se convierte en una voz paralela, en este caso la mano derecha del teclado, que junto con la voz del violín mantienen un diálogo profundo, ahora uno, ahora el otro.

Johann Sebastian Bach compuso este grupo de sonatas instrumentales, construidas según el esquema de sonata da chiesa (lento-rápido-lento-rápido), durante la segunda mitad de la década de 1710 en Köthen, seguramente hacia 1717. Escritas en contrapunto severo, la profundidad y la meditación se hacen presentes en este ensayo intelectual en el que el compositor alemán dejó la huella de un perfecto estilo fugado denso, enmarcado en una estructura peculiar, a medio camino de la forma de concierto barroco y trío sonata. Al decir de muchos nos encontramos ante lo que podría ser el primer concepto de música de cámara moderna.

Makarski y Jarrett interpretan la música de Bach con sonoridades exuberantes, diálogos ingeniosos y, sobre todo, con una portentosa imaginación. Un testigo impagable y sensacional de estas extraordinarias obras barrocas que, con toda certeza, conmoverán a quien las escuche. Tampoco hay ninguna duda de que levantarán críticas. Las mismas que todavía hoy levantan las grabaciones de Gould.

Six Sonatas for Violin and Piano

Six Sonatas for Violin and Piano

Cuando escuche el disco por vez primera me quedé embriagado de la profundidad de algunos de sus números, la delicadeza en otros, el clima de meditación que se desprende en muchos de sus movimientos lentos y en cuanto a los movimientos rápidos algunos de ellos son auténticas danzas, juegos en otros casos y una virtud en la ejecución de todos.

Sonata nº 1 en Si menor, BWV 1014. En el segundo movimiento, hay algunas notas que dan idea de la sensibilidad y precisión de Bach. En algunas de sus sonatas el violín comienza con el teclado de tal manera que puede parecer que falta algo, con una sensación de vacío o de incompleto. Este problema lo resolvió el compositor con unas indicaciones para ejecutar con la mano derecha del piano, como por ejemplo en el comienzo de este movimiento. El sonido del violín en este movimiento me tiene hechizado. Allegro:

Sonata nº 2, en La mayor, BWV 1015. El tercer movimiento de esta sonata es una de las obras maestras de Bach, aunque no sea tan conocida como otras piezas. Se trata de un canon perfecto en donde la primera voz la lleva el violín y la segunda le sigue el teclado. Comienza el violín con un compás de antelación y le sigue el piano hasta la última nota. Es una melodía maravillosa, con un ambiente particular de serenidad en la tristeza. Andante un poco:

Sonata nº 3, en Mi mayor, BWV 1016. Resulta tremendamente similar, no se si por ser la misma tonalidad, o por el uso similar de los acordes, pero el caso es que el primer movimiento de esta tercera sonata tiene mucho parecido a algunas partes del estudio para piano de Chopin en mi Mayor. El segundo movimiento es una clara descripción de la felicidad infantil: el tema es de una alegría absoluta y la sencillez, el brillo y la estructura rítmica es asombrosa. Allegro:

Esto y el último movimiento son como droga para los dos intérpretes. No me extraña que nos de por pensar en una carrera cuando escuchamos la última parte. Allegro:

Sonata nº 4, en do menor, BWV 1017. Esta sonata se inicia con una siciliana, ese ritmo de danza que se asocia automáticamente con la melancolía, en este caso con una triste y dulce resignación. Es una parte difícil de tocar pero de una belleza impresionante. Por cierto a mi me recuerda a la parte de violín que acompaña a la voz de alto en el aria Erbarme dich de la Pasión según San Mateo, BWV 244. Largo:

El tercer movimiento se presenta como un oasis de serenidad después de la avalancha de la segunda parte, pero no es sino un descanso para retomar una dura batalla en el cuarto movimiento, que, por esa razón, puede recordar al más famoso primer movimiento de la 5ª Sinfonía de Ludwig van Beethoven. A ver qué os parece.  Primero el tercer movimiento, Adagio:

Y seguidamente el cuarto movimiento, Allegro:

Sonata nº 5, en Fa menor, BWV 1018. Quizás la más profunda. El primer movimiento, dulce y triste, a veces parece un cielo que se abre, que permite pasar los rayos del sol reluciente que está detrás, pero tras la ilusión de unos segundos y de calor reconfortante, el dolor regresa una y otra vez. Creo que es difícil encontrar algo más profundo en la música de cualquier tiempo. ¡Y pensar que hay gente que dice que no le gusta la música de Bach porque le parece fría y racional! Después de escuchar este movimiento solo alguien ignorante o con nula sensibilidad podría hacer semejante afirmación. Largo:

Hasta ahora no ha habido problemas para observar un maravilloso diálogo entre el violín y el teclado, en este caso el piano. Pues bueno, en el tercer movimiento de esta sonata es el teclado el que lleva la voz cantante, el que manda en la partitura, relegando al violín el papel de simple acompañante. Es una sonata, de una notable tristeza que en este movimiento ofrece algunos instantes de alivio que, no tengáis ninguna duda, quedan aniquilados por el difícil cuarto movimiento.  Tercer movimiento, Adagio:

Sonata nº 6, en Sol mayor, BWV 1019. Esta es la excepción en todas las sonatas por partida doble. Porque consta de cinco movimientos y porque comienza por un movimiento rápido. La primera parte recuerda al estilo italiano de concierto, con alternancia entre la orquesta y el instrumento principal repitiendo la misma frase. Allegro:

Pero es el tercer movimiento el que nos sorprende en una sonata para dos instrumentos ya que uno solo es el que ejecuta toda esta parte mientras el otro permanece en silencio. Protagonista, el piano. Allegro:

Un quinto movimiento brillante, rápido y abrumador cierra la sonata y todo el trabajo de una manera a la sonata nº 3. Allegro:

Bueno, ¿qué os parece esta versión? ¿Os ha gustado? ¿Cuáles son vuestras versiones preferidas de estas seis maravillosas piezas? ¿Tenéis algún otro dato que aportar?

sir John Eliot Gardiner

Reconozco que tengo debilidad por este señor inglés y me imagino que es porque el primer disco de Bach que me compré yo mismo era una preciosa versión del Magnificat BWV 243 dirigida por él. Ya lo explico en la página Soy bachiano de este mismo blog, pero el caso es que…

…un día de Reyes de hace muchos años, en una catedral afrancesada, escuché por primera vez esta obra interpretada por una, entonces apenas conocida, María Bayo acompañada por la Capilla de Música de aquella catedral que tenía y tiene un maestro de capilla de los de capa negra con forro de seda roja y birrete negro. Tal fue la impresión que corrí a comprar un disco en vinilo con una versión dirigida por Gardiner que para mi fue y sigue siendo, por mucho que haya escuchado otras versiones, el Magnificat por excelencia. Grabé el disco en cinta cassette y con esa cinta metida en walkman iba por el mundo. No podía imaginar que un día iba a llevar en el bolsillo un teléfono sin cables en el que cupiese toda la música de Bach, con un sonido que ni los ángeles en la corte celestial. Así es como aprendí de memoria aquella obra que, todavía hoy, me descubre matices como si fuese el primer día. La anunciación tuvo que ser con esta música o no fue.

Eso unido a su elegancia dirigiendo creo que es la base de mi predilección por este director. Con esto no quiero decir que únicamente me decante por sus versiones, ni mucho menos, pero su integral de las cantatas, por ejemplo, ocupan un lugar de honor en mi discografía.

Sir John Eliot Gardiner en sus labores de dirección

Sir John Eliot Gardiner en sus labores de dirección

Sir John Eliot Gardiner. Vamos a la biografía de uno de los directores más versátiles de su tiempo. El director, que tiene en su haber más de 250 grabaciones, nació en Fontmell, en el condado de Dorset en Inglaterra, un 20 de abril de 1943. Hijo del naturalista y pro-nazi (sí,también en Inglaterra había y mucho me temo hay nazis) Rolf Gardiner, de ascendencia austríaca por parte de madre y nieto del egiptólogo Sir Alan Henderson Gardiner.

Fue educado en el centro público e independiente Bryanston School. Su interés por la música viene del canto, a través de la familia y del coro parroquial. Autodidacta, Gardiner empezó a estudiar violín y después dirección a los quince años, en el año 1958. Como pre-graduado en el Bryanston estudió historia, árabe y español medieval en el King’s College de Cambridge y tras graduarse, siguió estudiando música con Thurston Dart en el King’s College de Londres y después con Nadia Boulanger en París. Estando en Cambridge fundó, en 1964, el Monteverdi Choir, con el que interpretó el 5 de marzo las Vespro della Beata Vergine de Monteverdi y su debut en Londres fue en el Wigmore Hall en 1966. Dos años más tarde, en 1968, fundó la orquesta English Baroque Soloists, que en un principio se denominó Orquesta Monteverdi y tomó su actual nombre en 1977, justo cuando cambiaron los instrumentos modernos por instrumentos de época. Su debut operístico fue en Londres, con La flauta mágica de Wolfgang Amadeus Mozart, en 1969, en la English National Opera, y en 1973 apareció por primera vez en el Covent Garden dirigiendo Iphigénie en Tauride de Christoph Willibald Gluck. Su debut en Estados Unidos tuvo lugar 1979, cuando dirigió la Orquesta Sinfónica de Dallas. Desde 1980 a 1983 fue el director principal de la Orquesta de la Radio CBC de Canadá.

Un apunte familiar en esta biografía, pues es en esta época, en 1981, cuando contrajo matrimonio con la violinista Elizabeth Wilcock, con quien tuvo tres hijas. El matrimonio finalizó en 1997.

De Canadá marchó a Francia donde de histórica fue calificada su interpretación de Les Boréades de Rameau en el Festival de Aix-en-Provence de 1982. De 1983 a 1988 fue director musical de la Ópera de Lyon y fundador de su orquesta, y también en esta época, desde 1981 a 1990, fue director artístico del Festival Handel de Göttingen. Desde 1991 a 1995 fue el director principal de la Orquesta Sinfónica de la Radio del Norte de Alemania. Como director invitado, Gardiner se ha presentado con algunas de las mejores orquestas del mundo, incluyendo la Orquesta Philharmonia, la Orquesta Sinfónica de Boston, la Orquesta Real del Concertgebouw y la Filarmónica de Viena. Ha dirigido la Ópera del Sadler’s Wells y en el Covent Garden. Con ocasión del 25 aniversario del Coro Monteverdi en 1989, Gardiner la llevó por una gira mundial dando ejecuciones de las Vespro della Beata Vergine de Claudio Monteverdi de 1610. En 1990 formó una nueva orquesta de instrumentos del período para interpretar música del siglo XIX, la Orchestre Révolutionnaire et Romantique. En 1993 dieron la première moderna de la Messe solennelle de Berlioz, de un manuscrito perdido hace 150 años. A finales de 2004, Gardiner recorrió Francia y el Estado español con el Coro Monteverdi interpretando piezas del Codex Compostelanus en catedrales e iglesias a lo largo del Camino de Santiago .

Monteverdi Choir

Monteverdi Choir

El siguiente apunte sobre la vida privada de Sir John Eliot Gardiner es en 2001, año en que contrajo matrimonio con  Isabel de Sabata, nieta del músico Victor de Sabata, director y compositor italiano, de Trieste, distinguido por sus direcciones de ópera, principalmente Verdi, Puccini y Wagner.

Su discografía abarca desde Claudio Monteverdi hasta Benjamin Britten, cubriendo no sólo la música antigua y barroca sino también un amplio rango de música clásica y romántica incluyendo todas las sinfonías de BeethovenLa condenación de Fausto de Berlioz, y Falstaff de Giuseppe Verdi. Se realizaron recientemente Beethoven Missa Solemnis en una gran gira internacional que incluyó escenarios como el Carnegie Hall, Nueva York, el Palacio de las Artes, Budapest y Viena Konzerthaus entre otros. Sus grabaciones se pueden encontrar principalmente en Deutsche Grammophon y Philips Classics hasta que en 2000 creo su prepio sello discográfico, el Soli Deo Gloria.

Pero si por algo es reconocido Eliot Gardiner es por su contribución a la reactivación de la música antigua y barroca en las últimas décadas y su pasión por la obra de Johann Sebastian Bach. Con el coro Monteverdi y los English Baroque Soloists grabó en el  2000 su Bach Cantata Pilgrimage (Peregrinaje de las Cantatas de Bach), interpretando, en un período de más de 52 semanas, todas las cantatas sacras de Bach tanto en Europa como en Estados Unidos. Por esta espectacular grabación completa en vivo de las cantatas sacras recibió el prestigioso premio especial Gramophone. En abril de 2013 celebró un Maratón de Bach en el Royal Albert Hall con motivo de su 70 cumpleaños (¡qué maravilla poder celebrar un aniversario de esa forma!). Este maratón, realizado el Lunes de Pascua, supuso nueve horas de música bachiana. Tres conciertos, debates y actuaciones de solistas de renombre. El coro y la orquesta que dirige Gardiner interpretaron obras corales desde un enfoque diferente. El evento comenzó con la interpretación del motete Singet dem Herrn BWV 225, seguido de la Suite número 6 para violonchelo BWV 1012 a cargo de Alban Gerhardt y continuando con una excepcional interpretación de las Variaciones Goldberg BWV 988 por parte de la pianista Joanna MacGregor. El segundo concierto comenzó con un ensayo por parte del público de la coral con que termina la cantata Christ lag in Todesbanden BWV 4 que finalmente actuó junto al coro y la orquesta emulando a la congregación de una iglesia en tiempos de Bach (todo un acierto).  Siguió el concierto con la interpretación por parte de la violinista Viktoria Mullova de la Segunda Partita BWV 1004 que culmina con la famosa chacona y tras ella el prestigioso especialista John Butt interpretando un puñado de piezas para órgano que sonaron con gran intensidad en el Royal Albert Hall. La maratón finalizó con la interpretación de la Misa en Si menor BWV 232. Este mismo año participó con la interpretación del Oratorio de Pascua BWV 249 en el famoso festival de la BBC, los Proms.

En este mismo año 2013 ha publicado su libro Bach: Music in the Castle of Heaven, Bach: Música en la Corte Celestial (la traducción libre es mía así que es muy posible que no sea del todo adecuada). Hace unas semanas, a principios de octubre de 2013, pude leer en una entrevista con motivo de la presentación de su libro una fantástica historia que puede explicar muy bien Gardiner la pasión de Gardiner por Bach. Mucho me temo que no tenía escapatoria. Contaba el director que el compositor que sería su obsesión y el centro de su vida estaba al acecho desde su infancia. El destino ya los había unido hacía tiempo. “Conocía la cara de Johann Sebastian Bach desde niño, ya que el famoso retrato del compositor realizado por Haussmann llegó a nuestra casa durante la guerra para su custodia”, decía Eliot Gardiner. “Estaba en el rellano de la parte superior de la escalera y causaba una gran impresión en mí todas las noches, cuando yo iba camino a la cama.” ¿Sabía el significado de esa cara? “Oh sí, su música era parte de nuestra vida. Solíamos cantar música sacra en casa, y yo cantaba en las reuniones familiares los motetes de Bach antes, incluso, de saber leer música”. En 1952 el retrato fue adquirido por un coleccionista en Princeton, y a los nueve años de edad, Eliot Gardiner, finalmente pudo estar tranquilo y sin que aquel rostro ceñudo, pero de sonrisa familiar, se colase en sus sueños. En los años siguientes Gardiner interpretó a Bach con bastante frecuencia, pero no fue hasta casi medio siglo después que el compositor se hizo cargo de su vida por completo.

Johann_Sebastian_Bach

El retrato realizado por Haussmann

A raiz de su peregrinaje por las cantatas en el año 2000, ingente trabajo basado en el calendario litúrgico luterano,   el concepto de Gardiner sobre Bach cambió totalmente y le hizo pensar por primera vez en escribir un libro. “Yo no quería escribir una guía completa sobre Bach, hay un montón de ellas, además no estoy cualificado, no soy un organista ni un clavecinista. Mi inmersión en Bach siempre ha sido a través de la palabra: es la música que mejor conozco. En el momento de agregar el texto a la música hay una nueva dimensión de significado, por lo que las diferentes opciones que un compositor trabaja y elige son muy reveladoras de sí mismo. Quería revelar el corazón palpitante del hombre a través de su música vocal, especialmente a través de las alrededor de 200 cantatas que compuso para cada domingo según el calendario de la iglesia luterana”.

Eliot Gardiner se ha acercado a este inmenso trabajo siguiendo numerosas direcciones: la teología de la Reforma protestante de los siglos XVI al XVIII, la retórica musical, la política municipal en Leipzig, en donde Bach trabajó, las complejidades del calendario de la iglesia luterana. Incluso hay un capítulo sobre los vínculos entre la música de Bach y el calendario festivo de la Turingia rural donde vivía, en ese momento todavía un lugar boscoso secreto lleno de festividades medio-paganas. Hilar todo eso le ha supuesto a Eliot Gardiner un enorme esfuerzo. “Me ha costado casi 12 años”, dice, “con un montón de planteamientos falsos. Una vez casi me rindo pensando que tratar de escribir sobre música es de tontos, que realmente no se puede hacer. Pero también era una obsesión”. Una de las cosas que le fascina es la manera en que Bach ofrece una visión del mundo muy ajena a la vida. “La teología de la época tiene algunos aspectos muy desagradables. En los textos teológicos de aquella época hay mucho acerca del concepto de pecado, con imágenes de carne putrefacta, el pecado como putrefacción del ser humano. Pero Bach no puede prescindir de la teología, tiene que introducirla en el pensamiento del creyente, y el compositor encuentra la manera de ayudar a hacer eso. De alguna manera trae consuelo ante todo ese pensamiento sombrío sobre el pecado. La única cosa que realmente no puede soportar Bach es la hipocresía, y es muy curioso cómo la música se vuelve dura y pétrea cuando el texto habla acerca de la hipocresía. “

¿Qué clase de hombre ha encontrado Eliot Gardiner? Ha encontrado al hombre o se ha acercado a la figura? ¿Es Bach un genio intemporal o un hombre de su tiempo? “Oh, él es un hombre muy de su tiempo. Está envuelto en todas las controversias de su tiempo, y fue muy conflictivo en sí mismo. Sin duda era un hombre difícil. Tuvo problemas con lo que llamamos control de la ira, y a menudo se metió en problemas. Creo que tuvo que ser un infierno tenerlo como padre. Tenemos registros de ejercicios de composición que plantea a su hijo mayor, donde se puede ver la solución de Bach junto a la de su hijo y por supuesto la de Bach siempre es mejor. Imagínese tratando de vivir de acuerdo con eso. Pero en otros aspectos era un típico burgués alemán, que era aficionado a la cerveza y a la pipa. No era un cosmopolita como su amigo Telemann “.

Al final, es con la generosidad emocional de Bach y la energía en el consuelo con lo que Eliot Gardiner se queda. “Tengo amigos que no son creyentes, pero que han sido calmados por la música de Bach y creo que la razón es que Bach sabía lo que era la tragedia. Quedó huérfano dos veces, perdió a su primera esposa y a diez de sus hijos. Se enfrentó a todo esto con coraje, y creo que es esa combinación de inquebrantable rigor y de maravilloso poder de consolar lo que le hace único. “

Sin duda un trabajo que merecerá la pena leerlo y que esperamos ansiosamente (ojalá la espera no sea muy larga) que se traduzca y publique por aquí.

Bach. Musica in The Castle of Heaven. John Eliot Gardiner

Bach. Music in The Castle of Heaven. John Eliot Gardiner

Con su sello Soli Deo Gloria su inmersión en el mundo de Bach no ha sido solo a través de su integral de cantatas ya que en los últimos años también ha grabado la Pasión según San Juan BWV 245, los Conciertos de Brandenburgo BWV 1046-1051 o los Motetes BWV 225-230. Sin duda trabajos que merece la pena tener en nuestras discografías.

Toda esta vida productiva en torno a la música y desde luego a Bach le han supuesto numeroso reconocimientos y ha recibido varios premios internacionales y doctorados honoris causa de diferentes universidades como la Universidad de Lyon, el New England Conservatory of Music, y la Universidad de Cremona. En 1992 fue nombrado miembro honorario del King’s College de Londres y la Real Academia de Música. Fue nombrado Comandante de la Orden del Imperio Británico en 1990. En 1996 le nombraron Commandeur dans l’Ordre des Arts et des Lettres y en 1998, con motivo del cumpleaños de la Reina de Inglaterra, le llegó uno de los máximos honores de su país y fue nombrado por la monarca Caballero. En 2005 le otorgaron el Verdienstkreuz de Alemania. Ya en abril de 2008 fue galardonado con el Premio Bach de la Real Academia de Música/Kohn Fundación y Chevalier de la Légion d’ Honneur en 2010.

En sus ratos libres Gardiner dirige una granja biológica (u orgánica, como se les llama en otros lugares) en Springhead, que fundó su tío-abuelo, el compositor Henry Balfour Gardiner.

Para finalizar os dejo un video que en su día me pareció extraordinario y que suelo volver a ver de vez en cuando. En él Gardiner nos habla de lo que supone en su vida Bach y nos intenta acercar a la figura del compositor de una forma verdaderamente apasionada. El vídeo dura hora y media, es inglés evidentemente, pero tiene posibilidad de subtítulos en castellano (aunque la traducción sea bastante mala sirve para seguir el argumento). Fue una producción de la BBC y se titula Bach: A Passionate Life. Desde luego, merece la pena: